Escalera a ninguna parte

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Sarah Winnchester, la viuda del tipo de los rifles, creía que los fantasmas de todos los que habían muerto por causa de las armas que fabricó su difunto esposo, le perseguían. Una medium le convenció de que la única manera de despistar a todos esos espíritus de cherokees y pioneros del Far West, era que su casa estuviera en constante construcción. Así lo hizo, durante 38 años, hasta que murió ¿plácidamente? en la cama a los ochentaitantos.
Creo que he estado haciendo lo mismo con mi corazón. Enamorándome una y otra vez para huir de los fantasmas que me persiguen. Uno de ellos casualmente se llama Sarah.
Así que allí estaba, con conflicto interno incluido, en San Francisco. Un patético Ulises solícito ante el canto de una sirena cruel. Bueno, a mí se me antoja cruel. Quizás era sólo egoísta. O simplemente despistada. No sé.

2

Ahora, libre del turbio presente continuo, con la lucidez que otorga el pasado imperfecto, debería verlo todo más claro. Al fin y al cabo el mañana que tanto me asustaba acabó convertido en ayer. Lo que fue un dolor literalmente físico, hoy es poco más que una anécdota “literable”… Creo.

3

Es evidente que todo nos conforma. Ese fugaz presente, como un reflejo desdibujado, es el resumen holístico de quienes somos. Las oportunidades perdidas, las opciones desechadas, los errores cometidos, también son YO. Y también lo son nuestras pesadillas.

4

Contigo siempre tuve miedo a cruzar la raya. Si bien es cierto que imaginé cruzarla cientos de veces, incluyendo fantasías onanistas de pobre “pagafantas”. Confesión. Perdóneme padre porque he pecado.

5

No perdía la esperanza de que me vieras (al final me sumerjo en la segunda persona, me sigo confesando) con los ojos que yo pretendía. En una ocasión vislumbré esa mirada… al menos acabamos en la cama (en la misma los dos y no como casi siempre…). También es cierto que esa noche nos bebimos hasta el agua de los floreros y que por la mañana me despediste con un beso en la mejilla. Y con un azote en el culo, también lo recuerdo.

6

Volar a San Francisco fue otra encrucijada de caminos de tu vida en la mía. Quiero decir: Te vas, porque te enamoras de quién sé yo (si lo sé, pero no me da la gana). Te deja, o lo dejáis, qué más da (sí que da, qué cojones). Y me llamas desolada, abandonada, cabreada (y muchas más cosas acabadas todas en –ada). Y voy yo y… voy.

7

Mi corazón “under construction” persiguiendo a tu corazón recién demolido. ¿Y sabes qué es lo peor? Que era plenamente consciente de la pérdida de cualquier dignidad que se me supusiese. ¿Y?

8

La cabeza está en constante conflicto con el corazón. Por eso nos duele siempre el cuello ¿cómo no va a dolernos en medio de esa batalla sin salida en el teatro que es la vida? ¿teatro digo? Guiñol de cachiporrazos. También sin salida, eso sí.

9

Reconocerás, al menos, que le eché cojones al asunto. Prácticamente quemé mis naves al ver en el horizonte una pequeña señal difusa de posible disfrute carnal. Y venga kilómetros de Océano Atlántico por un polvo. En serio. Al final es así de triste. ¿Es esto o no una confesión sincera?

10

Vale, quizás sea este cinismo una barrera protectora. Quizás estaba enamorado. Pero quizás estaba enamorado de alguien que me había inventado. Y creo que me di cuenta al dejar la maleta al lado del sofá-cama del pequeño salón de tu apartamento. ¿O fue después? No, fue ahí.

11

Como buena anfitriona y cicerone avezada, me enseñaste “tu” ciudad. Paseábamos cogidos de la mano como si fuéramos novios. No, era yo el que te cogía la mano como si fuéramos novios… el que miraba tu perfil sonriente, el que me ahogaba en el destello del sol en tus ojos, el que se embobaba en tu nuca al descubierto si bajabas la cabeza, el que se excitaba al percibir tus pezones bajo una ajustada camiseta de algodón. Y el que te miraba el culo de reojo. Ese también era yo.

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Viví esos días como un “deja vu”. Puede que fueran las pelis, o la series, o era yo otra vez haciendo de nuevo el memo. Pero con una diferencia, en esta ocasión era plenamente consciente de estar haciendo el memo. Memo a propósito no resta memez.

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La aceptación del hecho de que tú nunca ibas a sentir lo que yo, fue un triunfo en toda regla. También fue una hostia muy gorda. Nunca me amarías. Y de repente…

14

De repente el día “d”, a la hora “h”, en una calle de San Francisco, con un yo autoconsciente y en plena aceptación de su derrota sentimental, vas tú, me coges la cara, me dices “muchas gracias por estar aquí” y me besas en la boca durante 5 años seguidos. A lo mejor fueron 8 ó 9 segundos, vale, y los 5 años eran de nuevo atrás en el tiempo. Y todo mezclado, esos 5 años, esos 8 segundos, todos los kilómetros recorridos, tu lengua, mi erección… estalló en una certeza: Ya no te amo. Ya no te amaba.

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Quien me entienda que me compre, ya lo sé. Esa noche, la noche en la que ya no te quería, hicimos el amor. Qué paradoja ¿verdad? Sí, creo que es más correcto que diga que follamos. Y follamos como Michael Douglas y Sharon Stone en Instinto Básico, como leones y como si no existiera el mañana. Y en mi cabeza una telaraña de sentimientos y pensamientos ¿cómo no me va a doler el cuello?

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La vida, es un pensamiento antiguo que vengo teniendo, es un tranvía o un autobús en el que se van subiendo unos y bajando otros. Constantemente. Unos comparten contigo asiento y largos viajes, otros una sola parada y al instante ni recuerdas su rostro. En San Francisco cogiste un tranvía que no era ya el mío y te alejaste. Te alejaste mirándome y dándote cuenta de todo.

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Y en el tranvía que es la vida llegó ella. Por sorpresa. Tu compañera de piso regresaba de pasar unas vacaciones en casa de sus abuelos en Guangzhou. ¿No es la vida rara de cojones?

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Maikeru, aunque se presentó como Miky. El corazón me bajó hasta el estómago. Se presentó en tu casa un día que tenías turno de mañana en la agencia. Los dos nos pegamos un susto de muerte y después estuvimos riéndonos un montón de tiempo tras las pertinentes explicaciones.

19

Bella, simpática e inteligente. Decidimos ir a comer juntos. Chinatown pareció la mejor opción porque, a pesar de que vivías realmente cerca, nunca habíamos paseado por la más grande y antigua población asiática de América. Imprescindible para el turista. No me enteré de nada a pesar de que no me perdía ni una de las palabras que me decía. El continente, asiático, eclipsó el contenido.

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Entre cangrejos, “dimsunes” y arroz 5 delicias le conté mi vida y mis secretos. En inglés me salió más fácil… Entonces me cogió la mano mirándome directamente. Sonrió con los ojos serios, brillantes. Y me enamoré. Y es que encima estaba muy muy buena, qué carajo.

21

Después del restaurante seguimos paseando y acabamos en una tienda de música. Tenían instrumentos y también vinilos. Miky encontró un disco que aparentemente le hizo mucha gracia, “Sketches of Spain” de Miles Davis. Se lo compré.

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Fue un día perfecto en la ciudad de las cuestas.

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Quise ver señales por doquier que me confirmaran que todos mis errores, o mis locuras, o mis malas decisiones, habían ocurrido para que yo estuviese en ese sitio, tu casa, en ese momento para encontrarme con ella. The Fate.

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Reconozco cierta ceguera voluntaria, selectiva. Se me escaparon las sombras deslumbrado por el deseo.

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Volvimos al apartamento y pusimos el disco de Miles Davis con arreglos de Gil Evans. “Recording is designed for use on 33 ,1/3 rpm stereophonic reproducers”. Sopesé el disco, un montón de gramos de vinilo, y me decidí por la cara 2. Empezó a sonar “The Pan Piper”. Y bailamos.

26

No recuerdo más. He intentado un montón de veces reconstruir aquel día para intentar desentrañar el sentido de que de repente mi memoria funda a negro al llegar al momento en que intento besarla.

27

He regresado físicamente al restaurante en el que comimos y charlamos. Mentalmente lo he hecho cientos de veces.

28

Recreé nuestro día juntos paso a paso, intentando comprender. Confundido y… cagado de miedo.

29

Creo ahora ciegamente que existen dos planos existenciales, y que en ocasiones un plano penetra en el otro. Esto sigue siendo mi confesión.

30

Lo siguiente que recuerdo de aquel día es que seguía sonando “The Pan Piper”, pero al abrir los ojos me encontraba en una butaca del Market Street Cinema viendo un espectáculo de showgirls.

31

Salí, confundido, a la calle. Recorrí Market Street con una embriaguez extrañísima.

32

Llegué a tu apartamento ya de día. Me preguntaste qué dónde me había metido toda la noche y yo te pregunté por Maikeru. ¿Maikeru? Dijiste sorprendida. Que por qué te preguntaba por ella, que quién me había hablado de ella ¿el portero? ¿El portero? No entiendo Sarah, Maireku, Miky, tu compañera de piso. ¿Mi qué? Reíste. Es una historia que da mal rollo, la verdad, continuaste, era la anterior inquilina de este piso. Una historia truculenta, trabajaba de stripper ¿te lo puedes creer? La asesinaron o algo así.
En la casa de Sarah Winchester había varias escaleras de 13 escalones que no llevaban a ningún sitio. Empezaban en el suelo y acababan en el techo.

Textos: Pedro Monedero. © 2013.

Fotografías y edición: Miquel Pastor. © 2013.

Localizaciones: San Francisco (California, Estados Unidos de América).

© 2013. Todos los derechos de autor de las fotografías por Miquel Pastor microrrelatosvisuales@gmail.com

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7 pensamientos en “Escalera a ninguna parte

  1. Me ha gustado mucho!! y sobretodo que también me he identificado con algunas expresiones… (“corazón undersconstruction” jajaj), y no pongo más porque sino no pararía…je je. Muy bueno, de veras, a mi cada día me sorprendéis más… Me encanta pertenecer a los peces extraños. Enhorabuena Pedro

  2. No he podido hasta hoy leerlo tranquilamente… me ha encantadoooooooooooooooooo… enganchadísima hasta el final y con pena de que no que acabara en un TO BE CONTINUED…

    13 escalones… espero que no fuera supersticiosa…

    Sarah es a las personas lo que la Sagrada Familia a la arquitecura, no?? siempre en costrucción.

    La próxima vez que me duela el cuello, en lugar de consultar al médico, iré al guiñol de los cachiporrazos…

    Muy muy guay!!!

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